By Redacción Top Noticias Arg

Aplanar la curva de dólares: agenda para estabilizar Argentina

La economía argentina continúa condicionada por la estacionalidad de las liquidaciones de divisas: entre febrero y mayo las entradas por exportaciones aumentan en promedio un 51%, concentrando el grueso del ingreso de dólares en pocos meses. Ese patrón alimenta ciclos de abundancia y escasez que incentivan la especulación, apreciaciones del tipo de cambio y episodios recurrentes de tensiones cambiarias.

En 2024 las exportaciones totales rondaron los u$s80.000 millones y el país registró un superávit comercial histórico cercano a los u$s19.000 millones, impulsado por el rebote del agro y mejores precios internacionales. El complejo soja volvió a ser el exportador principal, con alrededor de u$s19.500 millones. Sin embargo, la oferta de divisas se concentra en ventana cortas del año; fuera de ellas, las presiones sobre reservas, importaciones y pagos de deuda generan volatilidad que vuelve la macro vulnerable.

La estructura de ingresos por exportaciones está cambiando: minería y energía aparecen como aportantes crecientes. Las exportaciones mineras alcanzaron unos u$s4.673 millones en 2024 (15% más que en 2023) y entre enero y septiembre de 2025 sumaron cerca de u$s4.200 millones, con proyección superior a u$s5.000 millones al cierre del año. El superávit energético acumulado en enero-septiembre de 2025 fue de unos u$s5.400 millones, explicado por mayor exportación y menores importaciones; a octubre ese saldo podría superar los u$s6.000 millones. Las proyecciones vinculadas a Vaca Muerta sitúan las exportaciones de hidrocarburos en una senda de crecimiento que podría acercarlas a cifras sustantivas hacia fines de década.

Esa diversificación relativa abre una ventana de oportunidad: disponer de tres “cosechas” de dólares —agro, energía y minería— permite diseñar reglas que suavicen el flujo anual y reduzcan la dependencia de un único producto o de unos pocos meses. El desafío central es aplanar la curva de liquidaciones para limitar los saltos bruscos del tipo de cambio real, evitar depreciaciones excesivas seguidas de apreciaciones rápidas y reducir así los incentivos a la especulación.

La evidencia empírica indica que una canasta exportadora más diversificada —incluyendo servicios, minería y energéticos— disminuye la volatilidad del crecimiento y hace menos riesgosa la apertura comercial. Países que combinaron tipos de cambio reales estables con herramientas macroprudenciales y fondos de estabilización han logrado atenuar crisis externas.

Una agenda coherente para estabilizar podría apoyarse en cinco ejes prácticos: 1) Diversificar la oferta exportadora y promover servicios y cadenas de valor con menor estacionalidad. 2) Implementar mecanismos previsibles y permanentes para suavizar liquidaciones (instrumentos que funcionen durante todo el año, no solo en picos). 3) Fortalecer reglas macroprudenciales y gestión de flujos de capital para reducir volatilidad financiera. 4) Crear o consolidar fondos de estabilización y reglas de ahorro en años de bonanza para usar en periodos de escasez. 5) Mantener un tipo de cambio real competitivo y previsible, acompañado de políticas de productividad y reducción de rigideces internas.

Aplanar la curva de dólares no significa renunciar al crecimiento: al contrario, constituye la base mínima para atraer inversión a largo plazo, aumentar el valor agregado, proteger salarios reales y reducir pobreza. Argentina cuenta hoy con motores productivos en expansión; la tarea pendiente es diseñar y acordar reglas que conviertan la estacionalidad y la especulación en señales de política que estabilicen el ciclo económico y permitan un crecimiento más ordenado y sostenible.

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