Nicolás Gadano evalúa que el resultado electoral reciente fortaleció la continuidad del rumbo económico y produjo un alivio inmediato en los mercados: caída del riesgo país, descenso de tasas y mayor calma en el mercado cambiario. Sin embargo, advierte que persisten desafíos estructurales que requieren decisiones concretas, siendo el cepo cambiario para empresas uno de los más relevantes.
Gadano sostiene que la liberalización monetaria se avanzó parcialmente: el sistema pasó de crawling peg a bandas cambiarias y se flexibilizó el cepo para individuos, pero las empresas aún enfrentan limitaciones que dificultan la normalización de sus relaciones financieras con filiales y casas matrices. Para el economista, el actual contexto —dos años hasta la próxima elección, un clima cambiario más tranquilo y stocks dolarizados que pueden pesificarse— es la ventana adecuada para completar la descompresión del cepo, de manera gradual.
El argumento central es que los beneficios de una apertura ordenada superarían los costos eventuales. Aunque existe el riesgo de una salida inicial de divisas y de una mayor dolarización, levantar las restricciones es clave para atraer inversión extranjera directa y financiar proyectos intensivos en capital, especialmente en energía y minería. Gadano insiste en que flexibilizar el cepo debe ir acompañado de una política cambiaria coherente: más flexibilidad y una banda que no obligue al Banco Central a sostener un tipo de cambio artificialmente bajo.
El economista atribuye parte del bajo traslado del tipo de cambio a precios a un manejo fiscal más prudente: superávit fiscal y ausencia de monetización del déficit. También señala que la recesión y la experiencia de 2024 cambiaron el comportamiento de formadores de precios, reduciendo la reacción automática ante movimientos del dólar.
Sobre la posibilidad de que sectores exportadores aporten divisas, Gadano reconoce que petróleo, gas y minería pueden mejorar la oferta de dólares, pero advierte que ese proceso exige una reestructuración productiva que podría afectar empleo en sectores menos competitivos. En ese sentido, la reforma tributaria y laboral puede ayudar, pero tiene límites: la presión impositiva sigue siendo alta y el espacio fiscal para bajar impuestos es reducido. La litigiosidad laboral y los pasivos contingentes son barreras relevantes para la contratación en pymes.
Gadano proyecta que 2026 y 2027 podrían marcar un período de crecimiento sostenido si se consolidan hitos macroeconómicos y mejora el acceso al crédito. Respecto a los préstamos recientes del FMI y del Tesoro de Estados Unidos, explica que fueron necesarios ante una situación de reservas netas negativas y falta de acceso al mercado de capitales, aunque subraya que la meta debe ser recuperar financiamiento voluntario para eliminar la fragilidad recurrente.
En su conclusión, el economista reclama aprovechar el momento actual para avanzar en la eliminación gradual del cepo y consolidar la normalización macro: política fiscal y monetaria prudente, bandas cambiarias más flexibles y medidas que atraigan inversión productiva. Solo así, afirma, la Argentina podrá sostener la reducción de la inflación, recuperar inversión, crecer de forma sostenida y mejorar empleo y bienestar social.




