Paolo Sorrentino llegó a Buenos Aires y adelantó una intensa agenda que combina su pasión por el cine y por Diego Maradona. Antes de viajar a la Patagonia para dirigir un laboratorio creativo de diez días con medio centenar de jóvenes realizadores de todo el mundo, el director brindó una masterclass y mantuvo un diálogo público en la ciudad.
El encuentro incluyó reflexiones sobre su carrera, su vínculo personal con Maradona y su visión sobre el cine contemporáneo. Sorrentino afirmó que su pasión por el fútbol y por Maradona influyó decisivamente en su vocación cinematográfica: recordó cómo ver a Diego en el estadio de Nápoles, siendo adolescente, marcó su comprensión del espectáculo y, en términos más dramáticos, aseguró que Maradona «le salvó la vida» al haberlo llevado a un lugar de vida cuando él estaba en riesgo durante la adolescencia.
Durante su visita a la Bombonera también se detuvo en la memoria del ídolo y buscó recuerdos para llevar a Italia. En materia deportiva opinó que, aún reconociendo el talento de otros grandes como Lionel Messi, su preferencia personal se inclina por Maradona por la complejidad humana y el carisma que, según él, lo hacen incomparable.
Sorrentino explicará su método como mentor: el laboratorio, organizado por la productora Playlab, reunirá a 50 cineastas de múltiples países entre el 1 y el 10 de diciembre en un resort cercano a San Martín de los Andes. Los participantes atravesarán todas las etapas del proceso creativo —desde la idea hasta el montaje— y en esos diez días deberán filmar y concluir un cortometraje. Playlab seleccionará diez trabajos para posible distribución o exhibición en festivales internacionales.
El director comparó el contexto actual del cine con el de los años 90: defendió la libertad del cineasta como condición clave para el oficio y recordó a sus referentes (Fellini, Scorsese, Coen, Tarantino, Ferrara, Jarmusch) como influencias decisivas en su formación estética. Criticó además la creciente fragmentación de censores y opiniones que, en su visión, dificulta la libertad creativa contemporánea.
En clave cultural y política, Sorrentino fue crítico con los recortes al financiamiento público de la cultura: sostuvo que reducir los fondos estatales es un error que perjudica primero la economía y luego la cultura de un país, porque el cine potencia la reputación nacional. Sobre la inteligencia artificial dijo que espera que tenga aplicaciones útiles —por ejemplo en medicina o ingeniería— pero que no sustituya la experiencia humana en el cine; calificó algunas novedades tecnológicas como modas pasajeras.
Por otra parte, explicó que no se siente en condiciones de hacer una película que pretenda comprender por completo Buenos Aires, como tampoco un romano podría filmar la esencia de Nueva York: “Lo único que haría es un film sobre alguien que anda por Buenos Aires”. Reafirmó la idea de que la cultura local es profunda e insondable para quienes no pertenecen a ella.
El laboratorio patagónico contará con cineastas inscriptos desde Australia, México, España, Rumania, Colombia, Estados Unidos, Francia, China, Portugal, Italia, Perú, Serbia, Filipinas, Brasil, Grecia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, Alemania y Bosnia-Herzegovina. Los representantes argentinos en la experiencia serán Ernesto Rowe, Gabriel Bosisio, Hernán Guerschuny y Macarena Rubio. La directora y productora responsable del proyecto acompañó a Sorrentino en la presentación local junto al nuevo embajador de Italia en Argentina.
Por razones climáticas se postergó la proyección gratuita al aire libre de Fue la mano de Dios, originalmente programada en la avenida Corrientes; la actividad fue reprogramada para la próxima semana. Sorrentino llegará al laboratorio con la intención de aprender de los jóvenes cineastas y de transmitir su mirada sobre el oficio: libertad creativa, riesgo narrativo y la búsqueda de belleza cinematográfica como eje de su enseñanza.




